
Las posturas de derecha se basan en la concepción de que la desigualdad es un
principio natural de la estructuración social. Justifican el statu quo y lo defienden
incluso por medio de la violencia extrema. Abogan por una estructuración vertical
e inflexible de la autoridad, y por un sistema de relaciones que preserva los
privilegios de las élites y de los grupos de poder frente a las masas. Defienden la
primacía del individuo frente a la comunidad, hablan de la cooperación y no del
conflicto entre las clases sociales, anteponen la propiedad privada a la propiedad
pública y colectiva, y aceptan la intervención del Estado en su mínima expresión.
Promueven la moral cristiana conservadora como base de la ética pública y como
elemento de cohesión social. Pueden expresar actitudes extremas basadas en
prejuicios sobre la otredad y sobre lo desconocido, que derivan en
comportamientos misóginos, homófobos, racistas, clasistas, xenófobos e incluso
en el exterminio de ciertos grupos sociales.
Dos vertientes que han alimentado al activismo de derechas son:
El catolicismo cívico del final del siglo XIX y principios del XX que interpretó y
utilizó el lenguaje de la modernidad para ser parte de la formación de las
repúblicas liberales. Bajo la consideración de que los humanos son criaturas
sociales, aportó a la formación de una cultura ciudadanía, a través de la figura del
ciudadano católico por medio de la cual para que el creyente fuera un cristiano
ejemplar debía ejercer sus derechos civiles y participar activamente en la vida
pública, como parte esencial de su compromiso con la comunidad política. El
catolicismo cívico formó opinión pública, creó importantes proyectos culturales y
educativos, incentivó la formación socioeconómica de la clase media urbana y
rural, y formó una amplia red de agrupaciones sociales y partidos políticos con los
que confrontó a los Estados liberales y se insertó en el proceso de formación de
los regímenes políticos democráticos.
Y el conservadurismo religioso que reivindica los valores, símbolos, rituales y
creencias de un culto como base de la moral pública. Exige que esa religión sea
reconocida como un pilar de la identidad nacional y es intolerante hacia otros
credos e instituciones eclesiásticas. La agenda moral unifica a sus diversas
expresiones, al defender la vida desde el nacimiento hasta la muerte natural, la
familia tradicional, y su condena a la diversidad de las identidades individuales y
de grupo con relación a la sexualidad y la autopercepción genérica.
Recientemente, el neoconservadurismo religioso ha utilizado novedosas
estrategias al intentar presentarse como un movimiento ecuménico que trata de
contribuir a la estabilidad de las sociedades complejas, respecto a la contención
de la violencia y los procesos migratorios. Para ello, las iglesias construyen
alianzas estratégicas en momentos políticos clave, en su búsqueda de mayor
cercanía con el poder político y con el fin de poder incidir en el ejercicio del
gobierno.
Bibliografía:
Hernández Vicencio, Tania, Tras las huellas de la derecha. El Partido Acción Nacional, 1939-2000,
México, FCE, reedición 2021.
Hernández Vicencio, Tania y Gabriela Contreras Pérez, Derechas católicas y cultura ciudadana en tres momentos del siglo XX mexicano, México, UAM-X,
2024.
Hernández Vicencio, Tania y Marisol López Menéndez, Derechas católicas y anticomunistas en la
formación de una cultura ciudadana. De la posrevolución a la crisis del régimen político (1920-1970),
México, UIA, 2025.
